De pequeña quería ser pediatra …

Ilustración: Carmen Sala

Y el otro día me di cuenta de que estaba haciendo realidad mi sueño infantil.

A ver, me explico, porque quizá suena raro teniendo en cuenta que soy abogada de formación universitaria.

Voy a ello¡¡

De pequeña quería ser pediatra porque para mí, ser pediatra, significaba básicamente cuidar niños. Ciertamente no tenía claros los conceptos, en lo que a estudios se refiere, porque podía cuidar niños de otro modo, pero esa era la esencia de mi sueño infantil.

Mi vida transcurrió por otros derroteros y cuando llegó la etapa universitaria mis pasos se encaminaron hacia la Facultad de Derecho.

Ya he dicho que el hecho de que mi padre fuese Abogado seguramente que influiría en mi decisión pero no fue una carrera no elegida por mí y, por supuesto, no fue una carrera impuesta por mi padre. De hecho, llevo casi 20 años de ejercicio profesional y me encanta la abogacía y aunque compagine el ejercicio con otras facetas como el coaching, la mediación o la formación sigue siendo una parte de mí esencial e importante.

Pero eso no quita para que, en ocasiones, en algunos talleres a los que he asistido, en los que se plantean dinámicas de echar atrás en tu vida, de volver la mirada a una etapa infantil, a los sueños de niño, a lo que querías ser, a veces he pensado, ¿y esto de la pediatría?, ¿qué pasó si yo quería hacerlo?, ¿cuándo lo abandoné y por qué?

Entonces me venía una respuesta pero tampoco me encajaba mucho. La respuesta era que tengo un gran instinto maternal (aunque no soy madre todavía) pero, como digo, no me encajaba porque no me parecía lo mismo ser pediatra y cuidar niños que ser mamá y cuidar a mis niños.

Pero el otro día tuve una visión clara. Y me impacté. Mucho. Y es que me impacto mucho cuando la vida me trae esos clicks. No puedo remediarlo. ¡No quiero remediarlo¡. De hecho me super encanta que la vida me sorprenda y me susurre: psssttt … aquí tienes la respuesta de aquello …

Os cuento,

La  Unidad de Emprendedores del Instituto Aragonés de Fomento ha confiado en mí para formar parte de un Curso de Formación de Emprendedores (que lleva años impartiéndose con éxito) y ha aceptado mi propuesta de incluir un módulo que hemos denominado: “Capital Humano como Factor Clave de Éxito Emprendedor”  (http://www.iaf.es/formacion/) y el otro día, mientras daba vueltas al sentido de la presentación que tenía que remitir anticipadamente a uno de los responsables del Programa yo me decía,

Eva, ¿tú qué quieres aportar?

Porque os cuento que son 60 horas de una súper formación en competencias comerciales y de marketing, en materia económico financiero fiscal, en gestión empresarial, toda ella impartida por grandes profesionales de los respectivos sectores,

Y la pregunta volvía,

Concretamente, yo, ¿en qué iba a contribuir?

Y precisamente el título del módulo era significativo de lo que quería transmitir, que ellos son el éxito del proyecto emprendedor luego quiero abordar quiénes son, para qué hacen lo que hacen y si resulta más conveniente hacerlo solos o acompañados (de socios) porque lo que me importa es que aborden sus ilusiones emprendedoras estando bien, sintiéndose bien, atender sus miedos, ofrecerles herramientas para gestionar sus dificultades, apoyarles en el tratamiento de sus conflictos, … porque si ellos no están bien, difícilmente prosperarán sus ilusiones de negocio.

Así que el 1 de octubre pienso cuidar a los niños que están tras los adultos que deciden poner en marcha sus ilusiones de emprender.

El 1 de octubre buscaré esas esencias infantiles porque sé, de primera mano, que aquello que una vez soñaste que querías ser puede volver, muchos años después, aunque quizá disfrazado de otra realidad.

Os contaré. Prometo.

Todas las personas mayores fueron al principio niños aunque pocos lo recuerden

(El Principito)

 

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2 pensamientos en “De pequeña quería ser pediatra …

  1. Eva, es un verdadero placer sentirme una de las niñas con las que ejerces tu “pediatría”. Gracias de todo corazón. Doy fe de la eficacia de tus “fórmulas magistrales” y lo mejor es que solo tienen un efecto secundario: LA FELICIDAD.

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